Para terminar, hablemos de los «hierros». En mi tienda no solo te vendo el líquido, también te digo cómo aplicarlo. Puedes tener la mejor salsa del mundo, pero si la intentas poner con una cuchara sopera, vas a hacer un desastre. Un buen parrillero necesita herramientas que le faciliten la vida y que le permitan tratar la comida con el respeto que se merece. No hace falta gastarse una fortuna, pero hay un par de cosas que son básicas si no quieres terminar con la carne quemada y la mano chamuscada.
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EL KIT BÁSICO DE SUPERVIVENCIA EN LA PARRILLA
- Pinceles de silicona: Son los mejores porque aguantan el calor directo y se lavan en el lavavajillas sin problemas. No sueltan pelos (como los de cerdas naturales viejos) y distribuyen la salsa de forma uniforme.
- Pulverizadores: Si usas salsas muy líquidas (tipo vinagre), un pulverizador de grado alimenticio es ideal para mantener la carne hidratada durante horas de cocción sin tener que abrir la tapa de la barbacoa mucho tiempo.
- Termómetro de lectura rápida: Este es el único secreto de los profesionales. No pinches la carne para ver si está hecha; usa un termómetro. La salsa queda perfecta cuando la carne está en su temperatura interna ideal.
- Guantes resistentes al calor: Para poder mover las rejillas o acercarte a pincelar sin miedo. Si tienes miedo al fuego, no aplicarás la salsa con la precisión necesaria.
- Cuencos de acero inoxidable: Para tener tus salsas preparadas al lado del fuego. El plástico se puede derretir y el cristal se puede romper con el cambio de temperatura.
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NOTA DE DIEGO: Mantén siempre tus herramientas limpias. La salsa barbacoa tiene mucho azúcar y, si dejas que se seque en el pincel o en los cuencos, se convierte en un pegamento durísimo que luego es un horror de limpiar. Un truco: ten siempre un bote con agua templada al lado de la parrilla para meter el pincel entre capa y capa. Así la salsa no se reseca en las cerdas y siempre está lista para usar.
